Arte y realidad

No todo el mundo disfruta igual de la vida. Hay una especie de sentido estético que no toda la gente posee, es una capacidad que nos hace descubrir y disfrutar con detalles que para otros pasan inadvertidos. No sólo es una destreza de observación y de asombro. Se trata de un feedback entre el entorno y uno mismo, arte y realidad aparecen como un letrero luminoso que reclama atención, yo lo entiendo como arte cotidiano.




Esa sensibilidad artística con la que se nace, y se puede cultivar; nos hace vivir instantes sublimes con cosas muy pequeñas, y proporciona a la vida un valor añadido. 



El entorno está lleno de personas, que emiten mensajes impresionantes, y haciendo tareas muy sencillas son capaces de compartir arte. ¿Quien no ha visto un escaparate del que es imposible pasar de largo? ¿O no se ha quedado sorprendido de un puesto de flores, frutas, verduras...que con su disposición de colores, tamaños, agrupaciones muestran una maravillosa armonía?


El sentido de la belleza aporta un sumando a la vida. Y es verdad que en ocasiones una flor, un lazo, una oveja... pueden hacernos al menos esbozar una sonrisa o sacarnos, aunque sea un segundo, de una preocupación importante.





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